Los albores de la ciencia
La historia de la ciencia supone una multitud de teorías, pensamientos, críticas, experimentos, ensayos y errores. Fijar unos criterios orientadores que conduzcan a una adecuada selección de los temas y personajes más representativos a lo largo del desenvolvimiento de la filosofía y de la ciencia, es una tarea compleja.
En algunos momentos se puede hablar de movimientos y tradiciones; en otros, destacan los sabios o representantes de determinadas teorías. La historia de la ciencia no consiste en una crónica ni en un resumen de cada uno de los movimientos o personajes. La selección realizada en este módulo, no descalifica ninguna filosofía en particular, ninguna época, ni a ningún científico. Conscientes de lo anterior, hemos querido presentar, en este primer fascículo, los albores de la ciencia, como un primer acercamiento a los temas más relevantes. El hilo conductor del desenvolvimiento histórico parte de un breve recuento del tiempo en relación con el hombre y el universo y comienza con el desarrollo científico. Lo anterior implica visualizar el pasado e intuir el futuro desde los orígenes científicos.
El tiempo
El tiempo es un tema que ha apasionado, desde siempre, a todas las culturas. Los egipcios consideraban que el tiempo era como un río por el que fluían los hechos, los hombres y las cosas. Un hombre a la orilla del Nilo contemplaba las imágenes y el fluir y pensaba que si el río se remontaba, podría volverse el tiempo atrás y que si se dejaba llevar por su corriente, podría alcanzar la eternidad. Más tarde, Heráclito afirmaría que nadie cruza el mismo río dos veces y que nadie se puede bañar en el mismo más que una vez. Pero fue Anaximandro el primer filósofo que reflexionó sobre la existencia del tiempo y quien lo concibe como la forma a través de la cual las cosas se van transformando hasta volver al apeiron, lo inmortal o incorruptible.
Ladillo Heráclito: (540 - 470 a.C.) filósofo griego, nacido en Éfeso (Asia Menor). Marcado por las enseñanzas egipcias afirmaba que todas las cosas fluían y que el mundo estaba constituido, básicamente, por el fuego que es la sustancia menos consistente y la que más fácilmente se transforma.
Ladillo Anaximandro: (610 – 547 a.C.) filósofo griego nacido en Mileto. Uno de los primeros inventores y científicos occidentales; afirmó que la tierra era redonda y trabajó sobre la procedencia de la luz lunar.
Ladillo Apeiron: término griego que significa ilimitado. Anaximandro utilizó este término en el sentido de origen, para designar la materia infinita, indeterminada, exenta de cualidad y en eterno movimiento.
Los matemáticos pitagóricos lo relacionaron con los números, con lo medible y con las edades de las cosas. Aristóteles agrega que el tiempo se refiere al movimiento con un antes y un después, y que el movimiento más perfecto era el circular o sea el que no se puede medir. Posteriormente, a la concepción de tiempo se le agregaría la de velocidad, intervalo y, sobre todo, la del devenir.
En la Edad Media, se puede decir que San Agustín fue el que mejor lo definió, al afirmar acerca de su definición que: “cuando no me lo preguntan, lo sé; cuando me lo preguntan, no lo sé”, lo cual significa que el tiempo está ahí pero al tratar de atraparlo, se escapa como el agua entre los dedos, o sea que el pasado no existe, el futuro es algo probable que tampoco existe y el presente va pasando. Pasarían muchos años para que Einstein, en el siglo XX, enfatizara en la relatividad del tiempo y planteara la posibilidad de que el hombre pudiera dominarlo.
Observación Uno de los mitos griegos más representativos del origen del universo es el referente a Cronos, el tiempo. Este dios es descendiente de Urano o el Cosmos. Durante su reinado devora a todos sus hijos, dentro de la alegoría que el tiempo destruye las cosas. En la sismología griega el único capaz de vencer el tiempo es la inteligencia, el conocimiento y la máxima expresión de la ciencia y el saber: Zeus.
Figura 1.1 Cronos devorando a uno de sus hijos.
Desde esta perspectiva, se puede hablar de una clasificación del tiempo como una categoría que se refiere a lo físico o astronómico, determinado por las diversas herramientas o instrumentos que fabrican las culturas para cuantificar los intervalos o los periodos en los cuales suceden los hechos. Otra clasificación alude al tiempo biológico o al tiempo identificado a partir de los ciclos y funciones de las especies vivas, los cuales están determinados por el metabolismo celular y por las diversas combinaciones físico-químicas que se dan dentro de un ser orgánico. Una tercera clasificación alude al tiempo psíquico, el cual depende del estado de ánimo, de las emociones y del sentir del sujeto.
Con base en esta clasificación temporal el investigador puede referirse a los hechos que han acontecido, a los que acontecen y a los que pueden acontecer. Los primeros, nos indican lo histórico y, los otros, nos hacen ver lo verificable y lo predecible, en otras palabras, se puede hablar de lo histórico y lo científico.
Hombre, universo y tiempo
Carl Sagan, uno de los más grandes científicos del siglo XX, en su obra “Los Dragones del Edén”, manifiesta que el mundo no solamente como lo concebimos sino como realmente existe es muy antiguo y se escapa de nuestras categorías de tiempo y de espacio. Añade que el hombre existe y transita por unas breves fracciones temporales; la suma de muchos hombres, que produce una generación, apenas dura unos cuantos siglos y la suma de los hechos que rodean estas generaciones se puede registrar en milenios; más allá de estas cuantificaciones, existe un pasado que el hombre y su conocimiento científico apenas pueden imaginar. “Aún así hemos logrado fechar algunos hitos de este remoto pasado. La estratificación geológica y la fijación de cronología con base en el empleo de métodos radiactivos, aportan datos sobre las distintas etapas arqueológicas, paleontológicas y geológicas. La teoría astrofísica suministra información sobre la edad de los planetas, las estrellas y la galaxia de la Vía Láctea, así como una estimación del tiempo transcurrido desde que acaeció este trascendental suceso conocido como el Big Bang, es decir, la gigantesca explosión cósmica que afectó a toda la materia y la energía del universo. Quizás el Big Bang fuera el principio del universo, o puede que supusiera una discontinuidad que acabó con toda información sobre los más remotos orígenes del cosmos. Pero lo indudable es que constituye el fenómeno más remoto del que se tiene noticia”.
Ladillo Carl Sagan: fue uno de los más grandes científicos y pensadores del siglo XX. Profesor de astronomía y ciencias espaciales. Su vida la dedicó a la ciencia y a la investigación sobre el espacio. Recibió diferentes premios a lo largo de su vida. El asteroide 2709 fue bautizado con su nombre. Autor de más de treinta libros entre los cuales cabe destacar “Los dragones del edén”, sobre la inteligencia humana. Una de sus obras más difundidas es “Cosmos”, en la cual se lleva la ciencia a cualquier persona de cualquier edad; llevada al cine y a la televisión. Entre otras de sus obras se pueden mencionar: “La conexión cósmica”, “El mundo y sus demonios” y “Miles de millones”.
Como se puede apreciar en la anterior cita, la cronología cósmica es muy extensa. Sagan propone visualizar esta historia en un año en el cual mil millones equivaldrían a unos 24 días de su ejemplo. Para mayor claridad el científico norteamericano coloca los datos más representativos de la historia de la humanidad en la noche del 31 de diciembre confeccionando 10 segundos que pueden dar una gran claridad sobre el proceso científico humano. Con este ejemplo se quiere mostrar que el progreso del hombre es efímero en relación con el desarrollo del universo. No obstante lo anterior, la especie humana realiza inmensos esfuerzos por comprender las leyes de la naturaleza y por tratar de buscar su bienestar y su sobrevivencia. A continuación se muestran un cuadro que relaciona el desarrollo humano con algunos indicativos del desarrollo de la ciencia, desde el ejemplo de Carl Sagan.

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